viernes, 1 de noviembre de 2013

CRISIS EN ADULTOS MAYORES





Ancianos Los ancianos tienen reacciones y necesidades particulares después del desastre. Muchas personas mayores, en especial aquellas que carecen de recursos o que su capacidad física está disminuida, pierden los sistemas importantes de apoyo en el vecindario destruido. También pueden tener más problemas para “navegar” por los canales de ayuda del sistema de urgencia. Esta situación se multiplica si los ancianos son pobres, inmigrantes o trabajadores sin capacidades. Los problemas particulares de los ancianos que refuerzan las dificultades de adaptación después de un desastre son: La re ubicación con miembros de la familia donde la intimidad, el espacio personal y la rutina diaria son una fuente adicional de estrés.
• Dificultades con los ritmos de sueño y la dependencia de medicamentos para dormir. 
• Sensación de des organización o confusión como resultado de las pérdidas de “señales” en las actividades diarias. La reacción de las personas mayores ante un trauma incluirá el efecto de lo que vieron, oyeron, sintieron, olieron y la repetición de crisis del pasado. Esto último no es sencillamente producto de la regresión o de reacciones desencadenantes. Es esencialmente un intento normal de fundamentar las reacciones que uno tiene a lo que es familiar.





  PAUTAS PARA AYUDAR A LOS ANCIANOS A ADAPTARSE AL DESASTRE 





Al trabajar con ancianos damnificados, los consejeros de salud mental deben concentrarse en el restablecimiento de la confianza y la dignidad. Las siguientes pautas orientarán a los trabajadores en su labor de ayudar a los ancianos damnificados a adaptarse a las consecuencias de un desastre: Reconstruya y reafirme nexos y relaciones: Necesitan cuidados y cercanía física. Deje que los ancianos se identifiquen con la persona a la que deseen estar apegados; sin embargo, no dé por sentado que las relaciones familiares son amistosas. Considere su preocupación por la seguridad:


  •  Los ancianos necesitan saber que tienen opciones al tomar decisiones acerca de su seguridad.
  •  La evacuación es un tema sumamente complejo en un desastre.
  •  Los ancianos pueden correr más riesgos en las evacuaciones que si permanecen en sus hogares. 
  • Hable de la tragedia: Recuerde que tal expresión puede ser hablar de su vida y no del evento inmediato.
  •  No impida que hablen, ya que validar las preocupaciones del pasado es una parte importante de establecer confianza para prepararse para enfrentar a las preocupaciones actuales. 



Los ancianos también responden bien a la música y a las oportunidades de pintar o crear una obra de arte para comunicar sus reacciones. Prevea lapsus en la comunicación: Durante las conversaciones puede ser que el anciano vaya del pasado al presente y viceversa. Los trabajadores pueden confundirse cuando una persona habla de eventos y relaciones del pasado en función de las realidades del presente. Es importante recordar que la conversación puede ser enteramente racional y lógica desde el punto de vista de la persona. Comprenda que la presión inhibe la memoria: Si una persona mayor olvida un nombre, lugar, o parte de un acontecimiento, el trabajador debe ser muy precavido y evitar presionarla para que se acuerde. Prepárese para la conversación esporádica: Los trabajadores deben estar preparados para la conversación esporádica de los ancianos acerca del desastre, dedicando lapsos cortos a concentrarse en determinados elementos de la experiencia traumática.

 Proporcione información objetiva: 


Las personas mayores desean información objetiva, pero pueden asimilar los hechos sólo poco a poco. A menudo piden que se les repita la misma información varias veces. A la larga, la integrarán y lograrán controlar mejor el evento mismo. 

Haga predicciones a corto plazo:


Hay que aclarar fechas y lugares particulares de los acontecimientos. 
Ayuda al esbozar los eventos en un calendario o reloj para que puedan seguir más fácilmente el futuro. 
Los trabajadores deben dedicar tiempo atendiendo las necesidades básicas en forma detallada, como quién ayudará a la persona mayor, dónde pasará la noche, dónde conseguirá la ropa y cuáles de sus pertenencias podrá rescatar. 

Establezca rutinas rápidamente


Es mejor reiniciar rutinas familiares, de ser posible, ya que las rutinas se consideran un ancla en la vejez. Tranquilice al anciano normalizando sus reacciones: El trabajador debe asegurar al anciano que perder la concentración o la memoria, tener dolencias físicas y depresión, son reacciones normales frente a la situación anormal después del desastre, que pueden no tener nada que ver con el proceso de envejecimiento. Reacciones de los ancianos frente a los eventos traumáticos
 • Temor a la muerte 
• Necesidad de permanencia 
• Re conexión con el pasado y los amigos 
• Regresión - Temporal - Entra y sale del estado regresivo - Quizá no tenga amigos o familiares en la actualidad 
• Pérdidas múltiples - Temor al re asentamiento - Pérdida del futuro - Pérdida de los valores pasados
 • Necesidad de integrar la pérdida al contexto de la vida
 • Desorientación, sensación de aislamiento 
• Cierta negación 
• Respuesta inmediata de temor, seguida de ira y frustración 
• Respuestas fisiológicas - Trastornos del sueño - Trastornos del apetito - Episodios de crisis La población de ancianos tiene varias características e inquietudes que los hacen, en particular, vulnerables a los efectos de los desastres; pueden responder de una manera ineficaz por su lentitud a nivel motriz y cognoscitivo. Algunos adultos mayores tal vez presenten traumas adicionales si se les ha transferido a un entorno hacinado que les es poco familiar; como consecuencia de haber vivido muchos años, las personas mayores tienden a sufrir pérdidas múltiples, que incluyen los sistemas importantes de apoyo. Los consejeros deben estar pendientes de los signos de depresión en los damnificados ancianos ya que las pérdidas sufridas en el desastre pueden sumarse a las anteriores y provocar depresión. Las personas mayores tienen reacciones y necesidades particulares después del desastre; al igual que con otras sub poblaciones, los consejeros tienen que considerar muchos factores individuales que distinguen a una persona de otra. Generalizar las necesidades especiales del subgrupo ayuda a formular guías para el programa para damnificados, de suerte que atienda las necesidades del grupo. Muchos ancianos, en particular los de nivel económico bajo, inmigrantes o trabajadores no calificados, pueden carecer de recursos, estar en un estado físico en deterioro y perder los sistemas de apoyo importantes en el vecindario destruido. Quizá también tengan más dificultades para “navegar” por los canales del sistema de urgencia y teman perder su “independencia”, si los consejeros se llegan a dar cuenta del deterioro de sus facultades. Los problemas que agudizan las dificultades de los ancianos para resolver la crisis en la etapa posterior al desastre pueden abarcar: 
• la necesidad de reubicarse con miembros de la familia donde la privacidad, el espacio personal y la rutina diaria son una fuente de estrés; 
• las dificultades con el horario de dormir y el hecho de depender de medicamentos para conciliar el sueño, y 
• la pérdida de “señales” para llevar a cabo las actividades cotidianas, que conllevan la sensación de des organización o confusión. Los consejeros de salud mental se pueden relacionar mejor con los damnificados mayores si tienen en mente algunas de estas características; estos ejemplos son un recordatorio de que hay que considerar las características biopsicosociales de las poblaciones con necesidades especiales, al analizar los factores de riesgo que influyen en la capacidad de resolución de crisis en la etapa posterior al desastre. 



En un estudio a más de 200 ancianos entrevistados antes y después de dos inundaciones en el sudeste de Kentucky (1982) se encontró que la exposición a estos incidentes difirió en intensidad general. Las pérdidas personales aumentaron las emociones negativas a corto plazo, que duraron hasta un año después de la inundación; los efectos a largo plazo dependieron más del nivel de la exposición a un alto nivel de destrucción de las comunidades y a pérdidas personales (Phifer J.F. y Norris F.H.) El material de capacitación guiará la discusión para detectar mejor las necesidades específicas de esta población y las intervenciones correspondientes. 

La reacción de los ancianos a un trauma dependen no sólo de las repercusiones de la catástrofe en sus vidas (lo que vieron, oyeron, sintieron, olieron y así sucesivamente) sino de que las crisis de su pasado resurgen, lo cual no es sencillamente un producto de la regresión o de reacciones desencadenantes, es en esencia un intento normal por enraizar las reacciones en terreno familiar. 


REACCIONES DEL TRAUMA 




• Más recuerdos del pasado y los amigos o de otras épocas. 
• La persona puede entrar y salir de un estado de desorientación. 
• Puede incrementar su dependencia a los amigos actuales o familiares.
 • Necesita integrar los cambios posteriores al desastre, al contexto de la vida. 
• Se desorienta al interrumpirse la rutina. Sensación de aislamiento en función del lugar y el tiempo después de la reubicación. 
• La respuesta inmediata después del desastre es principalmente de temor, seguida de ira y frustración si las condiciones de vida o del ambiente, o ambas, son poco familiares. 
• Las respuestas fisiológicas comprenden trastornos del sueño y de alimentación, además de accesos de desesperación. 
• Sensación de un futuro abreviado y de buscar seguridad al refugiarse en el pasado o la fantasía. 1. Concepto de la muerte. a) Reconocimiento de la mortalidad. b) Reconexión en la memoria con el pasado y los amigos u otras épocas. 
2. Regresión. a) Puede ser a largo plazo. b) La persona puede entrar y salir del estado de regresión. c) Es posible que no reconozca a los amigos actuales o familiares. 
3. Pérdidas múltiples después del desastre. a) Temor a la competencia por la ayuda que ofrecen las autoridades (vivienda). b) Pérdida del futuro y desaliento. c) Pérdida de la memoria de los valores pasados. 4. Necesita integrar la tragedia al contexto de la vida. 
5. Se desorienta al interrumpirse la rutina. Sensación paralela de aislamiento en función del lugar y el tiempo.


  PARA REFORZAR ALGUNAS ESTRATEGIAS DE RESOLUCIÓN DE CRISIS EN LOS ANCIANOS 



Reconstruya y reafirme los nexos y las relaciones. Las relaciones son la conexión con la vida; empero, deje al anciano decidir con quién desea juntarse, no suponga que las relaciones familiares son amistosas. Se necesita cercanía afectiva y física. 
• Pregúnteles sobre sus inquietudes respecto de la seguridad. Las personas mayores necesitan saber que tienen opciones, al elegir una alternativa acerca de su seguridad. La evacuación es un tema sumamente polémico en el desastre; los ancianos quizá estén más seguros durante las evacuaciones si permanecen en sus casas, si esto es posible. 
• Es importante conversar con los ancianos acerca del efecto del desastre. Recuerde que pueden tratar de dilucidar su vida y no el suceso que acaba de ocurrir, no evite esa ventilación. Validar las inquietudes pasadas es una parte importante de ganarse la confianza y prepararse para tratar los problemas actuales. 
• Los consejeros de salud mental deben comprender las lagunas en la comunicación, en las cuales las personas mayores van y vienen entre el pasado y el presente. En la conversación del anciano se pueden confundir eventos o relaciones pasadas en función de realidades presentes. Cabe recordar que la discusión puede ser enteramente racional y lógica desde el punto de vista del anciano. 
• Si una persona mayor se olvida de un nombre, lugar o parte de un suceso, el consejero debe tomar precauciones cuidadosas para evitar presionar a la persona para que recuerde. Casi siempre, el anciano se acordará, pero la presión inhibe la memoria. 
• Los consejeros deben estar preparados para que los ancianos hablen de manera esporádica del evento, dedicando breves intervalos de tiempo a concentrarse en los detalles concretos de la situación post-desastre. 
• Los consejeros deben ser conscientes de que un anciano de una minoría puede tener diferentes tradiciones y antecedentes culturales; esto influirá en su “visión del mundo”, en especial por la opinión que tenga acerca de los servicios y los organismos públicos de socorro. Los servicios prestados a los grupos dominantes no tienen que ser apropiados forzosamente a cada minoría. Por ejemplo, las diferencias que los afroestadounidenses muestran al resolver la crisis y adaptarse pueden, en realidad, ser diferencias de estilo y expresión. Otro ejemplo puede ser el hecho de que los ancianos estadounidenses de origen asiático subutilizan los servicios formales a su alcance; la falta de dominio del inglés parece impedirles pedir servicios fuera de sus comunidades étnicas. 
• Los ancianos quieren tener información objetiva, pero asimilan los hechos poco a poco y, por tanto, piden que se les repita la información varias veces. Con el tiempo, habrán integrado la información, ello les dará un mejor control del evento mismo.
 • A los ancianos se les debe dar descripciones a corto plazo de lo que les sucederá de manera inmediata después del desastre. Es necesario aclararles los horarios y lugares específicos de los eventos; también ayuda el esbozar los sucesos en un calendario o reloj para que puedan seguir de manera más fácil lo que pasará en el futuro. Los consejeros tienen que pasar tiempo entrando en los detalles de las necesidades básicas: quién ayudará a la persona mayor; dónde permanecerá durante la noche; dónde conseguirá ropa; qué pertenencias puede rescatar. 
• Hay que establecer las rutinas lo más pronto posible, es incluso preferible reiniciar rutinas antiguas. Las rutinas son el ancla en el proceso de envejecimiento. 
• Es preciso asegurar al anciano que la falta de concentración, la pérdida de la memoria, las dolencias físicas, la depresión y cosas por el estilo son reacciones normales a la tragedia y al desastre. 
• Hay que hacer hincapié en apoyar la confianza y la dignidad de la persona mayor, en todas las actividades posteriores al desastre que se necesiten para devolverla a su hogar. 


LAS PERSONAS MAYORES Y SUS RESPUESTAS 

Privación sensorial 

Los sentidos de las personas de edad - el olfato, el tacto, la vista y la audición - pueden ser menos agudos que en la población general; una pérdida de audición puede causar que una persona mayor no oiga lo que se dice en un ambiente ruidoso, o un sentido del olfato disminuido puede implicar que él o ella esté más expuesto a comer alimentos en estado de descomposición. Síndrome de retardo en la respuesta Las personas de edad no pueden reaccionar a una situación tan rápido como las personas más jóvenes. En los desastres, esto significa que los Centros de Solicitud de Socorro tengan que permanecer abiertos más tiempo si no han aparecido personas de edad; también significa que estas personas no son capaces de solicitar prestaciones dentro de determinados plazos. Diferencias generacionales Según cuando hayan nacido, los individuos comparten valores y expectativas dispares, esto cobra importancia en el marco de la prestación de servicios, ya que lo que es aceptable para una persona de 80 años quizá no sea aceptable para una de 65. Enfermedades crónicas y empleo de medicamentos Una proporción más grande de las personas mayores tiene enfermedades crónicas. Esto puede impedir que una persona mayor se forme en una fila para obtener ayuda post-desastre. Los medicamentos pueden causar confusión en una persona mayor o una mayor sensibilidad a problemas tales como la deshidratación. Estos y otros problemas similares pueden aumentar las dificultades al obtener asistencia.

Trastornos de la memoria 


Los factores ambientales o las enfermedades crónicas pueden afectar la capacidad de las personas de edad para recordar la información o para actuar apropiadamente dentro de los programas de urgencia. Traumas relacionados con el traslado Las personas frágiles de edad avanzada a las que se traslada sin usar procedimientos adecuados pueden padecer enfermedades y hasta la muerte. Efecto de las pérdidas múltiples Muchas personas de edad avanzada han perdido a su cónyuge, sus ingresos, su casa o su capacidad física; para algunas, estas pérdidas se complican. Los desastres a veces atestan el último golpe, que hace que la recuperación sea en particular difícil para ellas; también puede reflejarse en un apego inapropiado a pertenencias específicas. Vulnerabilidad a la hiper/hipotermia Las personas de edad avanzada suelen ser mucho más susceptible a los efectos del calor o el frió. Esto se torna más crítico en los desastres cuando no se cuenta con calefacción y aires acondicionados o no se pueden reparar. Victimización por parte de criminales Las personas seniles son blanco de los estafadores, en particular después de un desastre; también pueden ser objeto de vandalismo. Estos temas se tienen que abordar en los refugios y al hacer arreglos para la vivienda. Desconocimiento de la burocracia Las personas de edad avanzada a menudo no han tenido ninguna experiencia con un sistema burocrático. Esto es en especial válido para las mujeres mayores que tenían un cónyuge que se ocupaba de estas tareas. Alfabetismo Muchas personas ancianas tienen niveles de educación más bajos que los de la población general. Esto puede plantear dificultades al llenar solicitudes o comprender instrucciones. Barreras lingüísticas y culturales Es posible que las personas de edad tengan un dominio limitado, por ejemplo, del idioma inglés en EUA o vean disminuida su capacidad para comprender instrucciones por la situación estresante. El fracaso resultante en la comunicación podría con facilidad complicarse aún más por la presencia de las figuras de autoridad, como los oficiales de policía, lo cual aumentaría la aprensión y confusión en la mente de la persona mayor. Muchos ancianos hablan un idioma que no es el suyo, y es crítico ser sensible a las diferencias lingüísticas y culturales; esto podría originar que las personas de edad avanzada en esta categoría necesitarán ayuda especial para solicitar prestaciones como damnificados. Deficiencia o limitación del movimiento Las personas de edad a veces no son capaces de usar automóviles o no tienen acceso a transporte privado o público. Esto puede limitar la oportunidad de ir al Centro de Solicitud de Socorro, obtener productos o agua, o mudarse cuando lo necesiten. Las personas mayores es probable que tengan deficiencias físicas que limiten sus movimientos. Estigma del bienestar social Muchas personas de edad avanzada no usan los servicios que tienen la connotación de “bienestar social”. Estas personas a menudo necesitan estar convencidas de que los servicios de socorro se les ofrecen como un servicio del gobierno. Los ancianos necesitan saber que recibir asistencia no va a privar a otra persona más afectada de recibir ayuda. 

 los adultos 




 los adultos se reorganizan naturalmente usando sus recursos personales (resiliencia, fortaleza, flexibilidad, adaptabilidad, creatividad, habilidades sociales, entre otros) y los recursos que ofrece el apoyo social e institucional (ayuda de emergencia, albergues, organización de ollas comunitarias, organización del cuidado infantil, organización de la seguridad del campamento, asistencia de salud, asistencia social municipal, red de organizaciones no gubernamentales, entre otros). Muchos de los adultos, jóvenes, niños y niñas lograrán sobreponerse y reorganizarse en un corto tiempo, sin embargo, algunos(as) necesitarán apoyo psicológico para ser acompañados(as) en este período y en otros casos necesitarán consultar con profesionales constituyendo una demanda de atención para la red pública de salud. Los efectos de los desastres sobre la salud mental están siendo identificados y abordados recién en los últimos 30 años. La investigación y los resultados de la experiencia internacional, ofrecen ya evidencias sobre la naturaleza y origen de tales efectos, su prevención y manejo, lo que ha permitido avanzar desde un enfoque centrado en la identificación de los síntomas, la medicación y la hospitalización, por otro más integral y comunitario . Una perspectiva integral para las políticas y programas en emergencias requiere la coordinación y comunicación entre las diversas autoridades nacionales responsables por la provisión de servicios de saneamiento básico, infraestructura, salud, alimentación, educación y protección social; así como también las organizaciones no gubernamentales, para lograr un trabajo en conjunto con las familias y las comunidades. La acción coordinada en todos estos sectores es vital para el cuidado efectivo de la primera infancia en emergencias Como una primera respuesta ante el desastre, muchos organismos públicos han empezado a coordinarse, y la oferta entregada a la población se ha basado en la entrega de información confiable, psicoeducación a los adultos sobre cómo hablar con los niños(as) del terremoto y servicios de atención telefónica. En este documento se dan orientaciones para brindar un apoyo psicológico efectivo a los niños y niñas, a través del fortalecimiento de las habilidades de protección de sus padres, madres o cuidadoras(es) o bien a través de la atención directa de niños(as), como parte del Plan Nacional de Protección de la Salud Mental en Situaciones de Emergencias y Desastre. De esta forma, los niños, las niñas y sus familias se ponen al centro del cuidado para toda la oferta de servicios y de las comunidades porque ellos y ellas representan el capital humano de nuestra sociedad y requieren de protección y cuidado. Los aprendizajes y experiencias en la intervención intersectorial que se generarán de esta crisis, serán una valiosa fuente de conocimiento para enfrentar otras dificultades futuras.